Aurora perfidiosa
No quisiste empujar
los pianos contra la pared;
ni quisiste correr
Jardín de las Delicias Terrenas
a la vera de un camino parco
como una ciudad
peregrinando
un viaje al Israel.
Ahora que causo tempestades,
ahora
que las palmeras se agitan gritando
tersas hacia el cielo
mi nombre impronunciable
¿estoy orgulloso de haber seguido
terco
los quince pasos
para dejar ir
toda mi esperanza?
Lamento los torbellinos,
claro que los lamento
más que nadie:
los llevo dentro.
Soy poco más que incertidumbre
piedra al agua
de la que huyen los peces,
onda de choque
en el medio del desierto o el famoso árbol
cayendo desoído
en el medio del bosque:
ahorrando en ruido.
Viviré eternamente
sólo para vivir del después
que siempre es el momento:
reino de la resolución.
Solía estar bien,
solía estar bien.
Ahora callado
las miradas jamás ausentes
la duda
y el pacto tácito de silencio.
Impera la duda
sobre cuáles son
en realidad
las palabras
que me gustaría decir.
Se sucederán incontables primaveras,
todas perfidiosas, no importa.
Gracias a dios
el fuego del verano es uno sólo.
Lo dejé extinguirse para siempre.
Varias veces.
los pianos contra la pared;
ni quisiste correr
Jardín de las Delicias Terrenas
a la vera de un camino parco
como una ciudad
peregrinando
un viaje al Israel.
Ahora que causo tempestades,
ahora
que las palmeras se agitan gritando
tersas hacia el cielo
mi nombre impronunciable
¿estoy orgulloso de haber seguido
terco
los quince pasos
para dejar ir
toda mi esperanza?
Lamento los torbellinos,
claro que los lamento
más que nadie:
los llevo dentro.
Soy poco más que incertidumbre
piedra al agua
de la que huyen los peces,
onda de choque
en el medio del desierto o el famoso árbol
cayendo desoído
en el medio del bosque:
ahorrando en ruido.
Viviré eternamente
sólo para vivir del después
que siempre es el momento:
reino de la resolución.
Solía estar bien,
solía estar bien.
Ahora callado
las miradas jamás ausentes
la duda
y el pacto tácito de silencio.
Impera la duda
sobre cuáles son
en realidad
las palabras
que me gustaría decir.
Se sucederán incontables primaveras,
todas perfidiosas, no importa.
Gracias a dios
el fuego del verano es uno sólo.
Lo dejé extinguirse para siempre.
Varias veces.
1 Comments:
Es lo que tiene los veranos, se extinguen, como las pasiones o los volcanes. Los demiurgos deben mantenerlos encendidos, porque si no, como son medio ciegos, se tropiezan y se chocan entre sí, como el Pato y Heinze en partido de seleccionado.
Perdón, es que escucho a mi voz. Vos me lo enseñaste.
Un abrazo.
Papá Goliardo
Post a Comment
<< Home