Saturday, September 13, 2008

Poema para una reina inglesa y una dactilógrafa

Las tenues horas de una noche estirada
pueden diluirse impolutas
y cuando ya se vuelve hora de lavar las copas
pueden aún asomar los fantasmas
que atocigaban a los comensales
para susurrarles al oído
miserias
y lo imprevisible del tosco destino.

Las tenues horas estiradas de una noche cualquiera
pueden traer víboras, perros
y luces que no prendan.
Pueden sentar a los fantasmas
en la silla vacía de Banquo,
o pueden ponerlos a hablar en voz alta
frente a todos los invitados.

Ya diluídas impolutas,
con los fondos de las copas
secándose aún a la espera
de una liba jabonosa;
las horas de la noche traidoras
pueden pasarse
recordándonos
lo veloces que son
y cada conquista que dejamos escapar
sin regalárselas a un rey
como hiciera Mio Cid en Valencia.

Cuando los fantasmas salen a comer
muchas veces estamos despiertos.
Muchas veces vemos que otros los ven
y entonces atendemos
algo lentos
a que no son fantasmas
sino escapes consumados.

2 Comments:

Blogger Roberto Esmoris Lara said...

Bueno, Laucha, las cosas tuvieron un final previsible: Estás en mi blog entre los mejores sitios de poesía (a mi criterio y no puedo superar los cinco o seis entre los cientos que he leído)
Aunque mi decisión no signifique absolutamente nada en el festival de los graduados resulta sumamente importante en mi vida, lo que no es poco.
Gracias, pibe...tendrías que haber nacido en Pompeya, digo...

Así que salud!!!!

6:36 PM  
Blogger tamana said...

A veces los fantasmas son escapes consumados, es cierto. Los demas los ven y nos damos cuenta de que estan ahi, que existen. Pero lo mas triste sucede cuando, como le sudedio a Macbebth, los mismos fueron creados por falsos profetas, producto de errores y blasfemias, entonces sos victima de tus propios pensamientos.

5:20 PM  

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