Y allá arriba
Bajo el mar eterno
el fundido a negro
de una despedida como de bronce
desde las torres que se hunden
sólo un poco en el cielo,
reino esquivo de pocos dioses,
una harpía
y una maraña de perros hirviendo.
Bajo el cielo esquivo
en el asfalto como magma viejo
una de tantas,
como todas las vírgenes
ya se arrastra y se curte
en la resaca de piedras
su vientre tibio
a la espera de una primavera
que mate a esta otra primavera.
Justo en la nada;
justo antes de que las paralelas se toquen,
y en el cénit de la idiotez,
frente a todo
con los ojos
cerrados
el aire que respiro es un enorme pez salado...
el fundido a negro
de una despedida como de bronce
desde las torres que se hunden
sólo un poco en el cielo,
reino esquivo de pocos dioses,
una harpía
y una maraña de perros hirviendo.
Bajo el cielo esquivo
en el asfalto como magma viejo
una de tantas,
como todas las vírgenes
ya se arrastra y se curte
en la resaca de piedras
su vientre tibio
a la espera de una primavera
que mate a esta otra primavera.
Justo en la nada;
justo antes de que las paralelas se toquen,
y en el cénit de la idiotez,
frente a todo
con los ojos
cerrados
el aire que respiro es un enorme pez salado...
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