Olas blandas
entre los enrejados
huyendo de una invasión extraterrestre
te busco para no encontrarme,
y para no encontrarte
te tengo todo el miedo que me tendría,
leve como sólo es el anhelo
corriendo Montañeses arriba
entre los fragmentos de cristales
en una esquina
de la que no se quiere acordar Cervantes.
Cayo Julio,
entre tus frágiles dedos
la tenue cortina del tiempo se fractura
como un espejo de agua
en un millón de olas blandas.
Cayo Julio
brindando otra legra sagrada,
una matemática quimérica
tan vana como petrificar al viento,
cuantifica falencias
como una esfera
de la que brotan nuestras verdades a medias.
Nos une la distancia
que me separa de todos los cuerpos:
al fin y al cabo
de pie frente al espejo
mientras se refleja Jericó
cuando te mires a los ojos
nada de lo que oigas
va a ser mentira.
Te juro...
perdí la cabeza.